Grafoterapia ¿Es importante la escritura a mano?

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No mucho, según muchos educadores. Los estándares comunes, que han adoptado la mayoría de los estados de EEUU, enseñan la escritura a mano, pero sólo hasta primer grado. Después de eso, el énfasis se desplaza rápidamente a tener habilidades con el teclado.

Pero los psicólogos y neurocientíficos dicen que es demasiado pronto para declarar la escritura a mano como una reliquia del pasado. La nueva evidencia sugiere que los vínculos entre la escritura y un amplio desarrollo educativo son muy profundos.

Los niños no sólo aprenden a leer con mayor rapidez cuando primero aprenden a escribir a mano, sino también se mantienen en mejores condiciones para generar ideas y retener información. En otras palabras, no es sólo lo que escribimos lo que importa – sino cómo.

“Cuando escribimos, un circuito neuronal único se activa automáticamente”, dijo Stanislas Dehaene, un psicólogo del Collège de France en París. “Hay un reconocimiento natural del gesto en una palabra escrita, una especie de reconocimiento por simulación mental en tu cerebro”.

“Y parece que este circuito contribuye en formas únicas que no nos damos cuenta”, continuó. “El aprendizaje se hace más fácil.”

Un estudio en 2012 dirigido por Karin James, psicólogo de la Universidad de Indiana, prestó apoyo a esta visión. Los niños que aún no habían aprendido a leer y escribir se presentaron con una letra o una forma en una tarjeta y se les pidió que lo reproducieran de en una de tres maneras: trazar la imagen en una página con un contorno de puntos, dibujarlo en una hoja en blanco, o escribirlo en un computador. Se colocaron entonces en un escáner de cerebro y se les mostró la imagen de nuevo.

Los investigadores encontraron que el proceso de duplicación inicial importaba mucho. Cuando los niños habían escrito la letra a mano, exhibieron mayor actividad en tres áreas del cerebro que se activan en los adultos cuando leen y escriben: la circunvolución fusiforme izquierda, el giro frontal inferior y la corteza parietal posterior.

Por el contrario, los niños que tipiaron la letra o la forma no mostraron ese efecto. La activación fue significativamente más débil.

El Dr. James atribuye las diferencias a el desorden inherente de la forma libre de la escritura a mano: No sólo debemos primero planificar y ejecutar la acción de una manera que no es necesaria cuando tenemos un esquema trazable, también es probable que produzcamos un resultado muy variable.

Esa variabilidad puede ser en sí misma una herramienta de aprendizaje. “Cuando un niño produce una letra desordenada,” dijo el Dr. James, “eso podría ayudarlo a aprenderla.”

Nuestro cerebro tiene que entender que cada posible iteración de, digamos, una “a” es la misma, no importa cómo lo vemos escrito. Ser capaz de descifrar el desorden de cada “a” puede ser más útil que ver el mismo resultado repetidamente.

“Esta es una de las primeras manifestaciones del cerebro cambiando debido a esta práctica”, dijo el Dr. James.

En otro estudio, el Dr. James comparó a niños que formaban físicamente letras con otros que sólo veían a los demás hacerlo. Sus observaciones sugieren que sólo el esfuerzo real que involucra las vías motoras del cerebro ofrece los beneficios del aprendizaje de la escritura a mano.

El efecto va más allá del reconocimiento de letras. En un estudio que siguió a niños desde segundo a quinto grado, Virginia Berninger, psicóloga de la Universidad de Washington, demostró que la impresión, la escritura cursiva, y escribir en un teclado, están todos asociados con patrones cerebrales distintos y separados – y cada uno da lugar a un producto final distinto. Cuando los niños escribían un texto a mano, no sólo producían consistentemente más palabras más rápidamente de lo que lo hacían en un teclado, sino también expresaban más ideas. Y las imágenes del cerebro sugieren que la relación entre la escritura y la generación de ideas va aún más lejos. Cuando se les preguntó a estos niños por ideas para una composición, los que tenían una mejor caligrafía mostraron una mayor activación neuronal en áreas asociadas con la memoria de trabajo – y el aumento de la activación general de las redes de lectura y escritura.

Ahora parece que incluso puede haber una diferencia entre la impresión y la escritura cursiva – una distinción de especial importancia dado que la enseñanza de la letra cursiva va desapareciendo de los planes curriculares. En disgrafía, una condición en la que se ve afectada la capacidad de escribir a veces después de una lesión cerebral, el déficit puede tomar una forma curiosa: En algunas personas, la escritura cursiva se mantiene relativamente intacta, mientras que en otras, la impresión lo hace hace.

En alexia, o la capacidad de lectura con problemas, algunas personas que no son capaces de procesar la impresión todavía pueden leer letra cursiva, y viceversa – lo que sugiere que los dos modos de escritura activan redes cerebrales separadas y se ocupan más recursos cognitivos de lo que sería con un enfoque único.

El Dr. Berninger va tan lejos como para sugerir que la escritura cursiva puede entrenar la capacidad de auto-control de una manera que otros modos de escritura no lo hacen, y algunos investigadores argumentan que incluso puede ser un camino para el tratamiento de la dislexia. Un estudio en el año 2012 sugiere que la letra cursiva puede ser particularmente eficaz para las personas con dificultades de disgrafía – dificultad de control motor en la formación de las letras – y que puede ayudar en la prevención de la inversión de letras.

Cursiva o no, los beneficios de la escritura a mano se extienden más allá de la infancia. Para los adultos, tipear puede ser una alternativa rápida y eficiente a la escritura común a mano, pero esa misma eficiencia puede disminuir nuestra capacidad de procesar la nueva información. No sólo aprendemos las letras mejor cuando las memorizamos a través de la escritura, la memoria y la capacidad de aprendizaje, en general, se pueden beneficiar.

Dos psicólogos, Pam A. Mueller de Princeton y Daniel M. Oppenheimer de la Universidad de California en Los Ángeles, han informado que en ambos entornos de laboratorio y aulas del mundo real, los estudiantes aprenden mejor cuando toman notas a mano que cuando escriben en un teclado. Contrario a estudios anteriores que atribuyen la diferencia a los efectos de distracción de los computadores, la nueva investigación sugiere que la escritura a mano permite al estudiante procesar el contenido de una conferencia y replantearlo – un proceso de reflexión y manipulación que puede conducir a una mejor comprensión y memoria.